El precio del petróleo volvió a dispararse. El 11 de septiembre, el West Texas Intermediate (WTI) superó de nuevo la barrera de los $100 por barril al subir un 6,7%, hasta los $102,48, mientras que el Brent avanzó un 6,3% hasta los $107,63, su nivel más alto desde mayo. En lo que va de septiembre, el crudo acumula un alza cercana al 20% y se acerca a los $110 por barril.

El detonante inmediato fueron los ataques de milicianos hutíes desde Yemen contra instalaciones petroleras en Arabia Saudí el 8 de septiembre, que se sumaron a una escalada más amplia de ataques directos entre Estados Unidos e Irán. El conflicto entre ambos países está activo desde el 28 de febrero de este año y mantiene bajo presión una de las zonas de paso de crudo más importantes del mundo, el estrecho de Ormuz.

A diferencia de episodios anteriores de tensión geopolítica que se disipaban en semanas, distintos actores de la industria energética —productores, comercializadores y refinerías— ya asumen que el conflicto en el golfo Pérsico no tiene una resolución cercana, lo que apunta a un petróleo caro de forma sostenida y no solo como un pico puntual.

Para la eurozona, importadora neta de energía, un crudo más caro se traduce en carburantes y energía más costosos y en más presión sobre la inflación. España importa prácticamente todo el petróleo que consume, por lo que el efecto llega con rapidez a los precios de los carburantes. Es justo el argumento que ha citado el Banco Central Europeo, que ya subió tipos con el petróleo como uno de los factores detrás de la inflación.

Este contenido es informativo y no constituye asesoría financiera ni una recomendación de inversión. Los datos de mercado corresponden a la fecha indicada y pueden haber cambiado.

Fuentes: N Digital, El Financiero y El Economista (9 a 13 de septiembre de 2026).